
Para ChildFund, entidad que trabaja en la protección de la niñez hace 80 años en el mundo y desde 1982 en Honduras, la respuesta acertada a esa pregunta significa resguardar a miles de niños, niñas, adolescentes y jóvenes cuyas vidas cambiarían significativamente a causa de este virus.
Por ello las prioridades en ChildFund son por ahora evitar que se infecten de COVID-19, contribuir a que tengan la comida necesaria, salvaguardarlos de violencia física y emocional, contribuir para que continúen con su labor educativa.
Gracias a todas las gestiones, donantes, proyectos y patrocinadores estamos llegando a 8 departamentos, entre ellos Santa Bárbara, Francisco Morazán, Comayagua, Ocotepeque, Copán, Lempira, Intibucá, La Paz, la meta es llegar a 42 mil familias. Hasta el fin de agosto de 2020 hemos llegado a más de 124 mil personas, casi 40 familias.
Para ChildFund eso representa la seguridad de que cientos de miles de niñas y niños, durante esta pandemia no ha sufrido hambre y tienen la información necesaria para prevenir el contagio y la violencia que se incrementa en tiempos de confinamiento.
La entrega de kits de higiene, purificadores de agua, bolsas con cereal fortificado, bolsas de alimentos o dinero en efectivo que ChildFund ha entregado se complementa con información oportuna en los temas de prevención de violencia, higiene y prevención de violencia, cuidado emocional, educación y recreación y otros a través de diferentes plataformas, y formatos como radio teatros, videos y cartillas entre otros.
La ayuda humanitaria en respuesta a la emergencia que genera Covid-19 requiere analizar rápidamente el contexto y actuar de formas innovadoras, utilizando otros recursos y mecanismos , buscando alternativas, saliéndose de lo tradicional, este reto, asumido de forma conjunta con los socios locales de ChildFund tiene como resultado una importante contribución en mejorar la calidad de vida de la niñez y la juventud, que vive las diferentes aristas del impacto de esta pandemia y que según expertos es la población que está en mayor riesgo.
Se destabilizan sus familias, sus comunidades y por lo tanto sus vidas individuales lo que repercute en su bienestar general, su desarrollo e incrementa la vulneración de sus derechos. Las posibilidades de maltrato y descuido son altas, se debilitan los servicios básicos, comunitarios y de apoyo social, y sufren el impacto de la fractura de la economía familar.
